Hoy en día podemos presenciar como nuestra educación pública se nos cae literalmente a pedazos. Esto encuentra explicación en el abandono que desde hace años viene sufriendo por parte de los distintos gobiernos de turno, y que se traduce, entre otras cosas, en la falta de presupuesto para su mantenimiento.
Esta situación que afecta al conjunto de los estudiantes secundarios no nos es ajena en el Pellegrini. La falta de reformas edilicias está a la vista en un colegio donde pasamos seis años sin gas ni calefacción (y que conseguimos sólo a partir de la movilización), donde se nos han caído un techo y tubos de luz, donde hay ventanas y puertas rotas, entre otras falencias.
Estos problemas son productos de una clara falta de interés. Los recursos no faltan, y si se quisiera se podría, no sólo arreglar los edificios, sino también mejorar directamente la educación pública con distintas medidas, como con el boleto estudiantil $0,05, con viandas y becas para todos los que las necesitan, mejoras en el salario docente, por nombrar algunas reivindicaciones históricas.
Pero mientras no se quiera, lo que se está realizando es una demolición silenciosa.
Macri, como el gran demoledor de la educación pública porteña, ha optado por emplear un recorte significativo a su presupuesto. Lo que es aún peor, ha aumentado el financiamiento de la educación privada, y financiado la formación de distintos organismos represores en la capital, como la UCEP y la policía metropolitana. Tal actitud se consolida con la reciente creación de sus “listas negras” para aquellos estudiantes que empleamos la “toma de colegio” como medida para hacer escuchar nuestros reclamos, lo que constituye una clara intención persecutoria para el movimiento secundario.
El kirchnerismo, que por su parte ha aprobado gran parte de los proyectos del macrismo en la legislatura porteña, acompaña y profundiza la crisis en la educación. Basta con cruzar la General Paz para ver que los colegios de la provincia no están en mejores condiciones que los de la capital; o con revisar el estado de la UBA, dependiente del Estado, y descubrir que no estamos en mejores condiciones por estar bajo la jurisdicción de C. F. de Kirchner.
¿Qué hacer?
Los estudiantes secundarios de la capital llegamos entonces a una conclusión, las condiciones impuestas por Macri se han vuelto intolerables. Ante esto, optamos por hacer escuchar nuestros reclamos al unísono con las más de 20 tomas realizadas en distintos colegios de la capital, entendiendo que es nuestra mayor herramienta de lucha.
La consigna levantada fue clara y contundente: “Fuera Macri”, ya que su gestión ha llegado a un punto en que el daño causado es casi irreversible, siendo necesaria su separación del gobierno para la estabilidad de la educación y de la ciudad. Más ahora, en un escenario político donde la expulsión es más factible que nunca.
Con esto podríamos estar en el prólogo de lo que sería la destitución de Macri. Sin embargo, ninguna de las fuerzas políticas opositoras en la capital, ni kirchneristas ni pinosolanistas, quiere consumar su destitución mediante un Juicio Político (que definiría su continuidad), ya que esto implicaría asumir la crisis política por la que transita la capital.
Por el contrario, coinciden en que lo preferible no es echar a Macri, sino realizar una “Comisión Investigadora”. Ésta al no ser resolutiva, no implica un freno real a las políticas macristas, sino que únicamente desgasta su imagen. A su vez, hay que aclarar que, en tanto sea gobernador no podrá ser condenado. Por ello es necesario su Juicio Político.
Sin embargo, ambos optan por desprestigiarlo para sacarlo del camino en vistas a las elecciones del 2011, asegurándose para ellos más posibilidades electorales, y a nosotros una política devastadora hasta, como mínimo, el año que viene.
El Bloque débil y el martillo fuerte
La excusa de estos sectores es promulgar que Macri es incapaz de perder el Juicio Político por su mayoría en la Legislatura, y que si lo peticionó fue para “lavarse la cara” con una posible victoria.
Esto puede contra-argumentarse fácilmente. Si bien, el bloque fuerte de Macri tiene mayoría por 4 votos, sus legisladores responden a distintas fracciones, como la Bullrich, Larreta y la De Narváez, sectores que no están dispuestos a “hundirse” con él. Así, el bloque se vuelve menos unido que el de Ibarra en 2004.
Por ello, el frente de Macri puede ser roto; y la forma de lograrlo es la movilización popular. Hoy más que nunca la lucha por la defensa de la educación pública está en nuestras manos, la de los estudiantes secundarios unidos.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
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